El Viaje Interior"

 Después de tanto que pasó por mi mente, como si hubiera sido un largo viaje de más de tres noches y tres días, siento como si extrañara esos momentos, o tal vez solo aparecieron en mí por la mera presión del detonante visual que era justo el lugar por donde pasaba.

En muchas ocasiones no solo iba a trotar por ese sitio, también lo hacía para ir a la biblioteca o a la playa, lleno de curiosidad en busca de calma y aprendizaje.

Me he esmerado por crecer como persona, en cuerpo, mente y alma. Conocí mi primera biblioteca y, al darme cuenta de que el conocimiento aclara muchas cosas a través de la simple lógica, comprendí que es un proceso importante. Entre todo ese esfuerzo y disciplina nace en ti la necesidad de preguntarte constantemente: ¿Cuál es el sentido de tu vida? ¿En qué debes dedicar tu tiempo? ¿Cómo manejar tu atención para mantenerte en calma en cualquier área importante de la vida, donde no nos dejamos invadir por impulsos o emociones que nos nublan la mente?

Aprender a calmar esos impulsos puede lograrse mediante la seguridad de entender lo que haces, o simplemente dejándote llevar y aprendiendo conforme ganas experiencia.

Tomé la oportunidad de alejarme de la superficialidad de mi entorno para comenzar a darle un toque propio a todo lo que me rodeaba, porque en mí había muchas dudas y no me conformaba con respuestas fáciles. Quería saber el porqué, el cómo, el cuándo, el motivo de la monotonía del entorno que no calmaba mi sed de respuestas. Comencé a leer, a observar y, en cierto grado, a apartarme de personas que seguían ese ritmo sin problema y lo veían cómodo.

Las cosas simples no me atraían, pero entendí que algunas simplemente no pueden ser complejas, como la mejora que llega después de un poco de preparación. Quería charlas interesantes, dejar de usar palabras groseras que ya me eran normales sin juicio alguno, y comencé por limpiarme y sembrar cosas nuevas, reconociendo que podía aprender muchas cosas únicas y auténticas, de las cuales nunca se deja de aprender.

Desde la observación, apartado en un lugar que bauticé como “mi lugar favorito”, comencé a hablar conmigo mismo y a reconocer cosas dañinas por mi cuenta.

En uno de los libros que leía, encontré algo que desde ese momento quedó grabado en mi mente. Creo que era el libro más peculiar que había leído, pero entre sus anécdotas cortas encontré algo invaluable:

“Cuida tus pensamientos porque se convierten en palabras. Cuida tus palabras porque se convierten en acciones. Cuida tus acciones porque se vuelven hábitos. Y cuida tus hábitos porque forjarán tu carácter.”

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